Así empecé yo....
Antes de tomarlas se puede conversar con personas de confianza para saldar las primeras dudas pero luego la comodidad y tranquilidad se disfrutan con la pareja; son las pastillas anticonceptivas.
A la hora elegir qué método anticonceptivo usar surgen diversas dudas. ¿Cuál será el más indicado para mí? ¿Qué tan efectivo será? Si tomo pastillas, ¿me cambiará el cuerpo? ¿Y si se me las olvido un día? Lo ideal es sacarse las dudas con alguna persona de confianza y, aunque lo mejor es que sea el ginecólogo, la pareja, las amigas o los propios padres suelen ser los primeros en enterarse y dar consejos en base a la propia práctica. Cinco chicas que eligieron las pastillas anticonceptivas contaron a Viví tu sexualidad cómo lo definieron, qué miedos vencieron y, fundamental: su técnica para no pasarlas por alto ningún día!
Lucía (25) utiliza el método desde los 18 años, cuando tuvo su primer novio. Asegura que si bien se apoyó en él para tomar la decisión ya que con sus padres no solía hablar de esos temas, la persona que más le influyó fue su amiga Patricia, que ya lo utilizaba y no había tenido inconvenientes. “Es la opción que me brindaba mayor seguridad, ya que depende sólo de mí porque sé que si las tomás bien son 100% seguras”, afirma. “Sé que el preservativo es efectivo pero tener que usarlo cada vez que vas a tener sexo me daba cierta inseguridad, tal vez de alguna vez demorar en usarlo y meter la pata”, agrega.
Bastante similar fue para Magdalena (30), que las toma desde los 23 aunque de manera intermitente. “Lo hablé con mi pareja primero que nada, pero desde adolescente ya había consultado con el ginecólogo. Con mis padres no lo hablé, sino con amigas que ya estaban tomando”, recuerda.
El caso de Carla (21) fue diferente, ya que empezó a tomarlas a los 16 pero no para evitar el embarazo, a menos no en primera instancia. “Mi endocrinóloga me las recetó y después las seguí tomando también por la anticoncepción”, cuenta. “Mi razón fue médica, porque tenía la testosterona por el cielo; tuve el apoyo de mi madre”, se explaya.
María Laura (24) lo consultó antes que nadie con la ginecóloga, pero ella tiene la suerte de tenerla en la casa, ya que es su madre la profesional. Sin embargo, tuvo que dejarlas porque comenzó a sufrir de migrañas y las pastillas están contraindicadas para esa patología. “Mis dolores de cabeza están vinculados a las hormonas y al ciclo las hormonas”, explica.
Tal vez más ejemplar aún fue entonces el caso de Viviana (33): “Prefería utilizar el método que fuera más eficaz para evitar un embarazo y por eso opté por consultar con mi ginecólogo, asesorarme y luego pedirle que me recetara las pastillas”, cuenta y agrega: “Comencé a tomarlas a los 19 años, uno o dos meses antes de mi primera relación sexual”.
¡Chau miedos!
Casi todas las chicas consultadas por Viví tu sexualidad relacionaron los miedos de esta opción contraceptiva, sobre todo al comienzo, con las posibilidades de que les cambiara el cuerpo, pero saben que hoy por hoy eso no es más que un problema que quedó en el siglo pasado.
“No me generaron muchos miedos salvo cuando te dicen que engordan; pero fue hace varios años, eran otras pastillas”, asegura. Magdalena dice que es conciente de que esos no son hoy más que “mitos”, que las pastillas traían esos problemas pero “hace décadas”. Sin embargo, duda sobre si tomarlas durante muchos años puede o no causarle algún inconveniente. Viviana tuvo cero titubeos: “Mi experiencia fue muy positiva: no noté ningún cambio físico ni emocional”.
Lucía sostuvo que “cada vez vienen mejores, sin efectos secundarios o incluso con efectos beneficiosos para la salud”, pero su principal inquietud es olvidarse de tomarlas: “Si bien ya no tengo 18 años, un embarazo sí que me caería de sorpresa”. Aunque seguramente no tenga problemas ya que es como un “relojito” e incluso hasta el día de hoy se despierta de madrugada creyendo que se las olvidó, cuando eso no le sucedió ni una vez en varios años.
María Laura cuenta que para no olvidarse las guarda en el monedero de la billetera para nunca pasarlas por alto y las toma de noche antes de acostarse, al igual que Magdalena, que las tiene siempre en la mesa de luz o Viviana, que aprovecha la cena para incluirlas en esa rutina.
En cambio Carla optó por la primera hora de la mañana. “Las dejo a la vista, a la mano, ahora es arriba de la heladera ya que tengo el agua más a la mano. Eso me sirve mucho. Si me olvido es porque me levanto hiper dormida!”, cuenta. Aunque eso nunca le pasó: “Me mecanizo para tomarlas, no me las olvido”.
Cada una desarrollará su estrategia, pero lo principal es poder vivir la sexualidad con confianza y plenitud y en eso, coinciden todas las entrevistadas.
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