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El deseo sexual en la madurez
Hay algunas personas que creen que el amor y el deseo sexual, sólo florecen en cuerpos jóvenes y hermosos. Pero esto no es cierto.

El amor también crece en cuerpos no tan jóvenes ni  tan estéticos según las normas de nuestra sociedad.

“Aquel día, María, viuda, de 71 años de edad, estaba especialmente pensativa. En los últimos meses ciertos recuerdos habían irrumpido en su cabeza con inusitada fuerza. Imágenes impregnadas de melancolía y ternura se adueñaban de sus pensamientos. Tal vez el hecho de haber conocido a Pedro había influido en esto. Sin duda estaba más sensible, cariñosa y necesitada de afecto...”

El amor nace a cualquier edad, en cualquier momento, si se permite que esto suceda. También en el otoño de la vida.
El tema es que vivimos en una sociedad altamente competitiva donde la productividad social adquiere una importancia desmedida. Desde la mal llamada tercera edad se comprueba que las inversiones se hacen cuando hay rentabilidad y beneficios. Los viejos ya han producido y ya han dado sus beneficios y la sociedad por tanto no suele cuidar a sus mayores.
No quiere decir que no haya habido cambios, pero hay cuestiones que todavía se ocultan porque no se aceptan.

“María estaba enamorada de Pedro, deseaba su presencia, sus caricias y sus besos, extrañaba aquellas manos cálidas que apretaban con delicadeza las suyas. Durante años había prescindido totalmente de esa parte de su vida, incluso antes de quedarse viuda la sexualidad no había tenido especial relevancia. Es más, había evitado las relaciones con su marido en aquel momento y, cuando se producían, eran rápidas, rutinarias, casi obligatorias.
Con Pedro era distinto, había experimentado unas emociones muy fuertes y sentido unas sensaciones tan maravillosas que ella misma estaba sorprendida. Su cuerpo estaba vivo...”

MITOS QUE YA FUERON

Hay un mito muy extendido y es el de que en la vejez no hay vida sexual, que disfrutar del cuerpo y de las caricias tiernas y amorosas es un privilegio de los jóvenes.
No hay duda que la sexualidad en los mayores ha sido escamoteada, injustamente comprendida, producto de valores con criterios estrechos.
Generalmente, los sentimientos y deseos como los que experimenta Pedro son calificados como propios de “viejos verdes”.

Y a las mujeres ni siquiera eso, cuando de sexualidad se trata, la dureza de la sociedad es implacable con ellas, escuchándose frases como “ya no está en edad”, “está haciendo papelones”, etc.

Pero no hace falta leer libros muy serios para darse cuenta que la afectividad y la sexualidad son connaturales con la persona y que desaparecen  cuando ésta muere, es una necesidad básica y fundamental.

La vida sexual en los adultos mayores es saludable y benéfica. Tal vez no sea igual a la de los adolescentes, los jóvenes, los adultos; es distinta, menos apasionada pero más tierna, menos impulsiva pero mas relajada, menos preocupada de la cantidad y más de la calidad, más cariñosa.

Otro mito muy extendido es que la sexualidad está intrínsecamente relacionada con la reproducción, por lo tanto cuando la mujer ha llegado a la menopausia es común que se la considere fuera de funcionamiento. 

Pero la sexualidad no tiene que ver sólo con la reproducción, las personas en general hacen el amor para disfrutar, para compartir sus deseos y sentimientos, para expresar sus afectos. Ésta no termina con la menopausia ni con la andropausia sino que sólo lo hace cuando la persona muere. Dura toda la vida.
Pero aún hay otro mito que curiosamente se extiende a otras etapas de la vida de las personas, y es aquel que afirma que tener relaciones sexuales lleva implícito un coito (penetración del pene en la vagina).

Pues este mito no escapa a los adultos mayores y de más está decir que para hacer el amor no es necesario un coito, para eso están también las caricias, los mimos, la ternura, el momento compartido.


CONCLUSIONES

Que los adultos mayores puedan tener una vida sexual es sumamente necesario y enriquecedor. La mayoría de las veces se lo privamos por lo que ya dijimos o simplemente porque no se les considera, ni en las residencias de ancianos, ni en la propia y menos aún en la casa de los hijos. La sociedad debe permitir como un legítimo derecho desarrollar, también en los adultos mayores, todas las capacidades, incluso la sexual.

Una vida sexual activa y satisfactoria en la vejez es un buen síntoma de salud. El impedir o coartar esta capacidad no hace sino más que aumentar el sufrimiento y la soledad a la que ya de por si se condena a los ancianos y ancianas en nuestra sociedad competitiva, acelerando el proceso de envejecimiento.

Con todo, María estaba feliz, ella ha tenido la valentía de expresar sus sentimientos, tal vez debido al hecho de haber encontrado una persona que buscaba lo mismo.

Ambos han descubierto en el otoño de la vida, ese período donde los colores se tornan con matices ocres y pastel, su sexualidad.

Psic. y Sexóloga Gabriela Michoelsson

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