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ADOLESCENCIA: Edad del torbellino sexual
No existe ninguna otra etapa en la evolución del ser humano que congregue tanta atención y expectativas como la adolescencia. Período dominado de múltiples cambios, sobre todo en la sexualidad.
 No existe ninguna otra etapa en la evolución del ser humano que congregue tanta atención, preocupaciones y expectativas como la adolescencia. Período de transición, pero dominado de múltiples cambios, sobre todo en la sexualidad. Los mismos que a su vez, explican y sustentan las dificultades y crisis que experimentaron, también alguna vez… los mayores.

La adolescencia es un momento de cambios rápidos, siendo la maduración física un solo aspecto de este proceso. A los adolescentes les esperan varias pruebas, en primer lugar irse independizándose de sus padres, lograr entenderse con sus pares, desarrollarse intelectualmente, comprender sus responsabilidades sociales y personales, entre otras. Pero en relación a la sexualidad el tema es aún más complejo, dado que deben asumir una nueva forma de ésta. Deben aprender a canalizar, vehiculizar sensaciones que muchas veces se descubren sorpresivamente y que pueden ser difíciles de controlar, deben decidir su participación en una u otra actividad sin obedecer a la presión conformista del grupo, a establecer la diferencia entre el milagro del deseo y el verdadero amor, y a protegerse contra el riesgo del VIH, de otras enfermedades de transmisión sexual o de un embarazo no deseado.  

¿Y CÓMO ES ESTE PASAJE?
Este pasaje es tan importante como lo es el pasar de la vida de feto, en la barriga de la mamá, a ser un bebé fuera del útero. ¡Y significa toda una aventura!, tanto para mamá y papá como para hijos e hijas. Dejar la infancia, dejar el “niño” o la “niña” que hay en cada uno, es muy doloroso porque siempre que dejamos algo nos produce pena, dolor.Cuando el niño es pequeño, tiene una necesidad imperiosa, vital, de admirar a sus padres, o los que ocupan su lugar. Lo hacen para poder crecer. Se les adorna con todas las cualidades, incluso aquellas que no tienen, a tal punto que los adultos se imaginan que  verdaderamente las poseen. Un día los niños se vuelven adolescentes, y comienzan a mirar a los padres, a sus adultos referentes, con nuevos ojos, ya no tienen sólo cualidades sus papás, sino que comienzan a verles los defectos, ya no los idealizan y lo peor de todo es ¡que nos lo hacen notar! 

Y esto que para los papás suele ser motivo de confrontaciones con su hijo o hija, no significa ni más ni menos que ésta y éste están creciendo. Y crecer implica ver que todo los seres humanos tenemos virtudes pero también defectos, lo cual no es fácil… sobre todo para los padres.

¿QUÉ PASA CON EL CUERPO Y LA SEXUALIDAD?
El cuerpo es lo que muestra al chico y a la chica, que ya no es un niño ni una niña. Pero las contradicciones que vamos a encontrar es que este chico y esta chica, con un cuerpo “ya no” de niño, sigue comportándose en muchos momentos como tal, así es que en la adolescencia incipiente, le cuesta dejar de ser niño o niña completamente, pues es todo un duelo, y por consiguiente muy doloroso. 

Esta nueva realidad les resulta un peso hasta que logre asumirlas y hacerse dueño de ellas. Y por eso muchas veces vivencian su propio cuerpo como molesto y lo rechazan (“es que soy gordo, gorda… que soy flaco… que soy petisa… mi nariz es muy grande… si no fuera por los granos”, etc.). En el fondo no es su cuerpo a quien no acepta, sino que es a sí mismo en su nueva realidad. La sexualidad entonces, que bien sabemos no sólo significa genitalidad, sino que es mucho más que eso, es el motor de la vida afectiva, a través del desarrollo de la capacidad humana de relacionarse, de comunicarse, de dar y recibir afecto. Se manifiesta en el modo de ser y actuar como varón y como mujer en todas sus actividades. 

Nacemos con un determinado sexo, pero necesitamos aprender como vivir y expresar nuestra sexualidad. Y así, tal cual están planteadas las cosas, la sexualidad se transforma en un asunto complejo, ya que el adolescente varón o mujer (12, 14 años) desde el punto de vista biológico, tiene la capacidad de procrear, pero tendrá que esperar alrededor de diez años para desarrollar las condiciones de madurez y estabilidad que le permitan expresar su sexualidad de una manera armoniosa.

Es en este período en el cual padres, madres y educadores en general tenemos que  ser conscientes de esa contradicción y ayudar a los jóvenes para que paulatinamente, asuman sus cambios tanto biológicos como psicológicos logrando una adecuada autoestima y autoimagen, que  replanteen sus roles de género y comiencen, a través de sus primeros noviazgos, a aprender la responsabilidad y conciencia crítica que deben desarrollar frente a su sexualidad. 

Psic. y Sexóloga Gabriela Michoelsson 

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