Miedo al placer sexual
TODO ESTA EN NUESTRA CABEZA.
Laura está en una cama amplia y cómoda con el hombre que ama. Están enamorados y comenzaron a vivir juntos. Por las rendijas de la persiana entran los rayos del sol, y frente a la cama las puertas se abren a un pequeño balcón con vista a los árboles. Esa mañana de domingo tiene una dulzura especial, prepararon el desayuno juntos y lo llevaron a la cama. Después se quedaron abrazados escuchando música.
En determinado momento él la mira profundamente a los ojos con una dulce sonrisa, y la besa con tanto cariño que a ella se le estremece el alma. Laura siente como si se derritiera y todo su cuerpo vibra en oleadas de placer que la recorren entera. Pero en lugar de rendirse y dejarse arrastrar, siente una sacudida de miedo. Se incorpora tratando de recuperar el aliento. Él la observa preocupado mientras ella vuelve en sí. Y cuando Laura logra dominar el miedo, lo tapa rápidamente y le atrae de nuevo con una sonrojada risita y un beso. Él parece olvidar el incidente y reanudan el juego amoroso.
Pero a ella esa sacudida de temor la lleva a una sorprendente revelación: tenía miedo a abandonarse a esa intensidad de sensaciones. Por mucho que le gustara considerarse una mujer liberada sexualmente, no era tan libre como creía.
No hace falta que sea tan evidente como dar marcha atrás en el umbral mismo del nirvana para darse cuenta de que puede suceder el sentir miedo de rendirse al placer sexual.
Es posible que se esté sintiendo una verdadera excitación y de pronto surja el recuerdo de algo que no le gusta de su pareja, sin conseguir quitarse ese pensamiento negativo.
Cualquier cosa que distraiga de la concentración sexual y haga que la atención se dirija a otra parte, es una señal de la limitación número uno a disfrutar del placer sexual: la ansiedad o angustia ante el placer de la relación sexual.
Muy probablemente la angustia ante el placer sexual es casi universal en nuestra cultura puesto que, hasta cierto punto, hemos sido educados para tenerle miedo a los deseos sexuales.
RESISTENCIA AL PLACER SEXUAL
Por mucho que no nos agrade pensar que no es así, no estamos muy lejos de la época victoriana, caracterizada sobre todo por la opinión tan austera que se tenían sobre la sexualidad. Los victorianos se aferraban a un código estricto de comportamiento que en realidad tenía por objetivo limitar el placer sexual. Se pensaba que la relación sexual les proporcionaba muy poco placer a las mujeres virtuosas, y que los hombres tenían apetitos desordenados que debían dominar. Por esa razón, los médicos les aconsejaban que satisficieran sus necesidades con sus esposas lo más rápido posible para no agotarles el sistema nervioso y ahorrarles sensaciones desagradables. Nada más ignorante.
Probablemente nuestros abuelos y bisabuelos fueron educados en un ambiente victoriano y ellos a su vez influyeron poderosamente en las actitudes sexuales de las madres y los padres del siglo XX.
De los muchos problemas que suelen tener las personas con su sexualidad, ya sea falta de interés sexual, miedo a no hacerlo bien, incapacidad para llegar al orgasmo o adicción sexual, casi todos tienen su origen en la ansiedad o angustia que se siente ante el placer. Y la raíz de esto se halla en su incapacidad para simplemente ser, no sólo en la relación sexual, sino en cualquier otro aspecto; también se muestra en su forma de pensar, que los mantiene atrapados en la cabeza o acorazados en su corazón. Concretamente la angustia ante el placer se traduce en un miedo fundamental, en su mayor parte inconsciente, a ser avasallado por la excitación sexual.
Lastimosamente, muchas personas tienen alguna inhibición sexual, debido al hecho de que han sido educados en una sociedad en la que la sexualidad y las relaciones sexuales se consideraban algo “sucio”. Sin embargo, puede ser que la mayor parte del tiempo no exista conciencia de las barreras que se levantan ante el placer porque, en general, no hay un acercamiento veraz a la intensidad de placer que podría poner a prueba los límites de cualquier persona.
Incluso es posible que ante una posibilidad de excitación sexual intensa, se reprima automáticamente las sensaciones sexuales con un reflejo físico que tensa los músculos del tronco y de la pelvis, hunde las costillas y hace que la respiración se entrecorte. De hecho la persona sólo se permite sentir el grado de excitación que sabe puede soportar.
Pero cuando una situación se pone muy excitante sexualmente, el miedo al placer también puede hacerse más intenso. El corazón puede latir como desbocado, viene la sensación de que se va a perder el conocimiento, el control de la situación; y ahí, justamente, se pone el pie en el freno y se termina el placer. Adiós al orgasmo.
PREOCUPADOS POR EL RENDIMIENTO SEXUAL
Todas las personas en algún momento de su vida, y otras casi siempre, han estado preocupadas por su actuación sexual, no sólo como les va a juzgar su pareja, sino también por la nota que pueden ponerse a sí mismas.
El varón, lo que quiere es tener erecciones vigorosas y aplazar la eyaculación para no decepcionar a su pareja. Y la mujer, por su parte, responder sexualmente y disfrutar del orgasmo, no sólo para placer suyo sino para complacer a su pareja.
Lo cierto es que cuanto más espontáneo se pueda ser cuando la pareja se sumerge en los juegos sexuales, sin pasar inmediatamente al coito, y más se permitan que la energía se vaya acumulando, los dos podrán llegar al grado de auténtica intensidad que hace el coito infinitamente más excitante.
Pero, ¿por qué se tiene miedo a continuar excitados? ¿Es el victoriano que llevamos dentro el que nos exige librarnos de la excitación tan pronto como aparece?
Verdaderamente, la energía sexual es la fuerza vital hecha manifiesta, es el impulso creativo definitivo que nos inspira y anima. La excitación no es algo que hay que quitarse, lo que tenemos que quitarnos es el viejo concepto de relación sexual.
PLACERES DEL ENCUENTRO SEXUAL
Experimentar el placer, introducirse en la excitación anhelante o aprovechar las oportunidades sensuales y eróticas es atrapante. Sólo cuando la excitación va en aumento hasta alturas increíbles, sin permitirse sentir miedo, se logran orgasmos explosivos e incluso es posible llegar a la conexión corporal y afectiva en la que los amantes experimentan juntos un estado alterado de conciencia.
Abraham Maslow descubrió que entre las personas más realizadas había una constante capacidad para disfrutar del estado de necesidad. Emprendían las cosas animados por la curiosidad y determinación y no se sentían frustradas cuando no obtenían objetivos inmediatos.
Al igual que ocurre con el deseo de crear algo o de resolver un misterio, tener un reto estimula tensiones placenteras, por lo que una resolución acelerada no sólo es innecesaria sino tampoco deseable.
En el caso de la relación sexual, el “deseo placentero” entraña el mismo tipo de capacidad: dejar aumentar deliberadamente una necesidad y disfrutar de las ansias. Cuanto mayor es la excitación, más intensa es la liberación, emocional, física y espiritual. Se hace necesario perder el miedo, descontrolarse y disfrutar, en el vuelo de la pasión, el placer y el erotismo.
Psic. y Sexóloga Gabriela Michoelsson
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