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Redes sociales y pérdida de intimidad
La mayoría de los y las adolescentes llevan un diario de vida o un registro de sus actividades en alguna red social: ¿Pero lo hacen protegiendo su intimidad?
La mayoría de los y las adolescentes llevan un diario de vida o un registro de sus actividades en alguna red social: Facebook, Fotolog, Twitter o simplemente con frases o nicks en programas de chat como el MSN. Pero ¿alguien saldría a la calle a repartir volantes con su foto y datos personales a desconocidos?

Tal vez por ser la primera generación de nativos digitales, es decir, cuando nacieron ya existía Internet, a nadie le sorprende la capacidad que tienen los jóvenes para estar tantas horas conectados sin pensar en riesgos. Podría pensarse que sólo sucede en otros países, que nunca le va  a pasar a uno. Pero cuando hablamos de los riesgos que pueden ocurrir en torno a estos sitios, no tenemos que pensar en cosas trágicas como secuestros y/o muertes. Por ejemplo: ¿qué pasa cuando uno sube una foto a una red social (Facebook, Fotolog, Twitter) y otros la comentan ofensivamente?

En la adolescencia los jóvenes no son conscientes del peligro y tampoco lo consideran como  una variable que pueda incidir directamente en sus vidas. Por otro lado, tenemos estos espacios que generan formas simples de hacer amigos, mantenerse en contacto o conocer personas, algo que suele ser de gran ayuda para los que les cuesta un poquito o son tímidos. 
Internet cambió la forma de comunicación y de actuar de los jóvenes. Según Rosario Cardoner, psicóloga especializada en adolescentes, el acceso a la red cambió la forma de actuar: no pienso qué voy a hacer ni el eventual peligro posterior que corro si dejo mi información personal al alcance de todos, lo hago y listo. 
El cambio que esta especialista señala, es adquirido por las nuevas generaciones que utilizan a las computadoras naturalmente sin razonar que uno no puede controlarlo todo, y  por más de que las intenciones son buenas o simples ("sólo subí una foto…") algunas veces pueden desvirtuarse.

Volvemos al primer ejemplo: ¿Qué pasa si me insultan o hacen comentarios que no me agradan en una de estas redes? Todo depende del que recibe el infortunio. Por ejemplo, hay chicas más frágiles que pueden no entenderlo y llegar a angustiarse o deprimirse. En estos casos no tiene sentido responsabilizar a las redes sociales. Estas páginas se han transformado en plazas on line. Son un lugar de encuentro donde se puede conversar, intercambiar fotos, enlaces a videos o música. Nada que a primera vista pueda dañarnos gravemente.
Por eso, debemos ser conscientes de que el anonimato en el que se esconde un usuario en Internet lo habilita a hacer, decir u opinar lo que le plazca. 

Está en cada uno saber separar a quién creerle, qué opinión tener en cuenta y cual no, así como decidir qué imágenes y comentarios postear. Entonces, como en varios aspectos, el equilibrio en el uso de estos mecanismos no está en que los padres decidan cuántas horas permiten pasar a los hijos frente a la computadora, o tomar posturas radicales y alejarse de estos espacios; cada uno de nosotros tiene que pensar a qué se expone cuando deja al descubierto su intimidad en la red.

Por: Camila de los Santos

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