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La virginidad y la primera vez
Hace muchos siglos la virginidad era prueba de virtud femenina. Hoy en algunos ámbitos eso es exactamente al revés.

Desde hace muchos siglos, la virginidad ha sido la prueba de la virtud femenina, casi como un tesoro que la mayoría de las mujeres conservaban hasta el matrimonio. En cierto modo la virginidad se consideraba una propiedad de los hombres.

Hoy en día las cosas están cambiando y, en algunos ámbitos, una mujer virgen es algo que se considera “de modée”.


La virginidad, es decir, el no haber mantenido nunca relaciones sexuales coitales, tuvo un gran valor durante muchos siglos. Esto remitía a la pureza como un valor, a la castidad, y cada futuro esposo la reclamaba casi como una pertenencia.

Pero hoy en día nos encontramos ante un nuevo fenómeno. 

Para un gran número de adolescentes conservar la virginidad no tiene mucho sentido moral. Incluso hay un gran sector de éstas que sintiendo amor por sus parejas, no encuentran que tener relaciones sexuales sea un acto pecaminoso como hasta hace poco tiempo era considerado.

Si nos remitimos a cifras, podemos decir que a los 18 años cerca de un 65% de las chicas ya se inició sexualmente, según un estudio que realizó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en países latinos como Argentina, Uruguay, Paraguay.

Según esta encuesta la mayoría de las chicas consideran que la primera relación sexual les gustaría tenerla con su novio y sólo un pequeño porcentaje afirma que antes debería casarse.


LAS QUE NO DEBUTARON

Algunos de los motivos por los cuales algunas chicas deciden no debutar son porque no conciben el sexo sin amor y sienten que no han encontrado el chico adecuado para hacerlo. Sólo un pequeñísimo porcentaje afirma que quiere llegar virgen al matrimonio.

Entre las chicas que no han debutado aún, quizás el auge dramático de las infecciones de transmisión sexual, como el HIV, sea un motivo para retrasar el debut por razones de miedos, profilaxis, etc.


¿ES LA VIRGINIDAD UN ESTIGMA?

Los tiempos han cambiado. Y en algunos casos parece ser que la virginidad, pasó de moda. Lo que antes era una virtud, un honor, hoy por el contrario, pasó a ser un estigma. Mientras aquellas “doncellas” llevaban hasta el altar algo que consideraban un honor, motivo de cabeza en alto, de una mejor reputación, hoy puede llegar a ser hasta un motivo de baja autoestima, cuando se comparan con amigas que sí han tenido relaciones.


LA EVOLUCION DEL CUERPO FEMENINO

Según Laura Caldiz y Diana Resnicoff, en el libro Sexo, mujer y fin de siglo: “La historia de la virginidad en nuestra cultura es en sí misma la historia del cuerpo femenino: un cuerpo que durante siglos no fue nuestro. Históricamente, la mujer perteneció al hombre, él se hacía cargo de ella a través del matrimonio. El contrato matrimonial era, entre otras cosas, un contrato de pertenencia, de la mujer al marido, que incluía la pureza como condición ineludible. De esta manera, el marido adquiría un cuerpo que no había pertenecido a nadie. La familia de la mujer cuidaba celosamente su virginidad para posibilitar su futuro casamiento.”.

Aunque parezca mentira, estas precauciones tenían su sentido, pues sin anticoncepción sexual cualquier relación podía terminar en un embarazo, con el consiguiente repudio a la mujer de parte de la sociedad y de la familia inclusive.

De esta forma es que la virginidad se elevó a la enésima potencia de valor supremo, como una dote simbólica que en cierta forma daba normas al hombre y a la mujer en el matrimonio, ya que la mujer que seducía con su aparente ingenuidad y estaba absolutamente despojada de la fiebre del deseo sexual y la  embriaguez de la “carne” conformaba una dinastía segura llena de ingenuidades y sin sospechas.

Pero el cuerpo femenino tomado de esta forma se remite absolutamente a la regulación de la sexualidad femenina: “si SOS importante, mujer, es porque SOS capaz de reproducirte”, algo así.

Pero esto empieza a resquebrajarse con los movimientos de la liberación femenina en los años 60, y aquí, por suerte, se le da la oportunidad a la mujer de disfrutar de su cuerpo, y la sexualidad se transforma en deseo y placer, ya no como algo pecaminoso, sino como TODO UN DERECHO.

LEJOS DE AQUELLOS TIEMPOS

Los jóvenes hoy en día ya no encuentran un encanto especial en la mujer virgen. En algunos no tiene ni siquiera ningún sentido. Incluso muchos de ellos sienten cierto pánico de encontrarse en la intimidad con una chica que aún no ha debutado sexualmente. Parece como si fuera demasiada responsabilidad.

A muchas chicas no les alcanza, como a los varones, sentir sólo atracción física para tener su primera vez. Algunas esperan el tiempo que sea hasta encontrar el hombre indicado, para así hacer lo que tengan ganas.

Para otras, en cambio, la virginidad no tiene un valor especial y en ello se juegan parte de su autoestima. A veces se sienten menos porque se comparan con sus amigan que sí han tenido relaciones sexuales. Esto es riesgoso cuando les lleva a debutar sin verdadera conciencia de lo que están haciendo, sólo para “haberlo pasado”.

Sin embargo, renunciar a lo que parece un valor, como la virginidad, no parece una labor fácil para muchas chicas, pues todavía queda aquel vestigio de que una mujer desflorada se  va a sentir desvalorizada, disminuida.

Pero lo controvertido, es que, aquellas chicas que defienden su virginidad a rajatabla evitan la penetración pero tienen juegos sexuales sin preservativo ignorando que el derrame de semen entre las piernas puede originar un embarazo o  el contagio de alguna enfermedad de transmisión sexual. 

Incluso a veces sucede que muchas adolescentes se desilusionan cuando llegan a la consumación porque antes, con los juegos sexuales, se excitaban mejor y ahora no.


MISTERIOS DETRÁS DEL HIMEN

Siempre la desfloración de las vírgenes estuvo rodeada de un halo incógnito. Los gitanos aún hoy celebran la ceremonia del pañuelo blanco, por medio del cual una mujer mayor, sabia, lo introduce con sus dedos en la vagina de la novia para luego mostrarlo ensangrentado. (Como si la sangre fuera seguridad de virginidad.)

Otra costumbre terrible es la mutilación genital que sufren más de cien millones de mujeres y niñas de 28 países africanos. Incluso en Turquía las mujeres deben someterse a tests periódicos para probar su castidad ante las autoridades del gobierno.


Psic. y Sexóloga Gabriela Michoelsson 

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