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AFRODISÍACOS: Elixires de placer
Desde tiempos inmemorables el hombre ha querido encontrar la fuente del eterno placer, la sustancia mágica que le dé el poder, el deseo y la potencia para prolongar su intimidad sexual.
Para todas las culturas y en todas las épocas, encontrar el máximo de placer ha sido uno de los principales objetivos. La prolongación, disfrute e innovación permanente ha hecho que el hombre busque con afán miles de fórmulas, dentro o fuera de él, que le permitan exacerbar su deseo y mantener al máximo la posibilidad de ejecución.   Brebajes, recetas, objetos, talismanes, alimentos y miles de misteriosas fórmulas, han tratado de volver el amor y el erotismo, un asunto que se puede formular, moldear y dirigir a través de remedios y pócimas fantásticas al servicio de tantos y tantas que consideran necesitarlos.

Los afrodisíacos están asociados con preferencia a los frutos marinos, tal vez por asociación con Afrodita que nace de las espumas del mar y es el símbolo de lo sensual, erótico y placentero. 

El ambiente que rodea la ingestión de comidas juega un papel preponderante. Existen una serie de estímulos que contribuyen a hacerlas mucho más sugestivas: la media luz, el incienso, las velas encendidas, el olor a esencias, los diferentes perfumes, la disposición corporal del acompañante, entre otros. Una combinación de estímulos propiciaría que la sensualidad subiera tanto como las espumas del mar. La exuberancia en la comida está en permanente relación con la satisfacción sexual. Se utilizan expresiones corrientes para denotar actividades sexuales como comer, chupar, etc. 

Encontramos en el mercado libros de recetas que utilizan la comida corriente como fuente de erotización. Tal es el caso por ejemplo de un libro llamado La cocina erótica de Mayte, cuyas recetas no difieren de las de cualquier libro de cocina, tan sólo tienen títulos sugestivos y tal vez lo más erótico sea el tipo de alimentos que usan, más por su forma que por lo que puedan tener de afrodisíaco. Así como la inocente papa fue considerada, en la época de la colonia en Europa, como un potente afrodisíaco, y en Grecia, los dulces hechos de miel y sésamo, en este libro nos hablan del poder de la zanahoria. No menos culpables son el apio, los palmitos y los maníes. 

CONJUROS, BREBAJES, INFUSIONES Y OTROS YUYOS

Para la mayoría de las culturas los yuyos han representado no sólo propiedades curativas sino también la fuente de salud, la virilidad y el placer. Para los orientales el ginseng, por milenios ha simbolizado la fuente de la eterna juventud. Muchos científicos occidentales reconocen el valor regenerativo que tiene esta planta a nivel neurológico. Es fácil entonces deducir que un cuerpo revitalizado genera una actitud más favorecedora hacia lo íntimo y sexual. 
Los filtros de amor, el alcohol y los brebajes como facilitadores del amor y la pasión, del enganche permanente, son aún hoy en día una forma mágica de retener al ser amado. Los brebajes amatorios tradicionalmente se han utilizado para someter la voluntad del otro, para manejar su espíritu y su intimidad como aquel que narra Emma Cohen en su libro Hechizos, filtros y conjuros eróticos: “Tome mirra e incienso hembra, échelo en un vaso junto a un arce de vino agrio. En la tercera hora de la noche viértalo en su puerta y pronuncie por siete veces la fórmula siguiente…”.

 No existe según ella encantamiento amoroso mejor que éste. El alcohol ha representado el estimulante por excelencia. En su primera fase funciona como un vasodilatador que calienta al organismo, desinhibe la expresión verbal y aligera la fantasía. Transforma de alguna manera a quien lo bebe y desarrolla en él la sensación de poder y seguridad, llevándolo a ser arriesgado, intrépido y conquistador. 

Desafortunadamente para los bebedores frecuentes, el exceso de alcohol en una fase muy temprana, revierte el proceso, inhibe a nivel fisiológico cualquier opción de expresión de la respuesta sexual.  Por lo general, los ebrios hacen pasar un mal rato no sólo a su pareja, sino que tienen la sensación de haber tenido un rotundo fracaso. También se ha hablado mucho del efecto de las drogas, en especial del efecto que sobre la sensibilidad sexual tienen muchas de ellas. Los investigadores coinciden en afirmar que, en la mayoría de los casos, los efectos se dan más en los niveles de sensibilización, de recepción del estímulo, de la intensificación del deseo, pero en muy pocos casos en la eficiencia de la respuesta o performance sexual. La función sexual se debilita y se inhibe por la acción excitante de tipo sensorial, pero inhibitoria del sistema nervioso autónomo.

La marihuana y algunos alucinógenos estimularían el deseo y la proximidad corporal. Los derivados opiáceos producen, en corto tiempo, impotencia y daños irreversibles neurológicos, que no sólo acortan la vida del individuo, sino que lo sumen en estados de desesperación y confusión, terminando no sólo con su vigor sino también con su posibilidad sexual.

DE LO VIRTUAL A LO REAL

Isabel Allende en su libro Afrodita, donde trasmite recetas que denomina afrodisíacas, nos dice: “Me arrepiento de los platos deliciosos rechazados por vanidad, tanto como lamento las ocasiones de hacer el amor que he dejado pasar por ocuparme de tareas pendientes o por virtud puritana, ya que, la sexualidad es un componente de la buena salud, inspira la creación y es parte del camino del alma… Por desgracia, me demoré treinta años en descubrirlo”. Es que con el avance de la civilización y la tecnología ni varones ni mujeres han querido perder aquello que siempre se ha buscado. Es por eso que de manera artificiosa se le ha querido dar al amor una dimensión que resulta casi irreal, han manoteado la posibilidad de exacerbar su deseo a través de la pornografía visual, auditiva, virtual, usando distintos objetos o aplicándose sustancias estimulantes.

Varones y mujeres en busca de un placer perdido, recolectan las imágenes perfectas a través de revistas especializadas en donde les proyectan la forma de ser perfectos, deseables y sensuales, con una frecuencia y poder sexual que no se agota: varones de eternas erecciones y mujeres multiorgásmicas. Modelos fantásticos del sexo en donde el amor y la ternura no existen, sólo son formas pasadas de un amor romántico. 

En muchos rituales, se utilizan diferentes esencias, e inciensos con olores exóticos y fuertes que podrían servir de afrodisíacos o estimulantes en situaciones de franca intimidad.

Lo cierto es que el amor, la creatividad, la fantasía, una buena dosis de humor, una linda y sugestiva música, unos hermosos versos y un ambiente propicio, serían los mejores estimulantes, los mejores afrodisíacos, para una vida sexual placentera.  

Psicóloga y Sexóloga Gabriela Michoelsson. 

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