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Zonas erógenas: Las catapultas del erotismo
Toda la superficie del cuerpo humano es una zona erótica, pero no todas las partes tienen la misma sensibilidad.
 Con una etimología que proviene del griego (Eros, el dios del amor) y guiadas por un gran órgano sexual que es el cerebro, casi todas las zonas erógenas táctiles tienen una sensibilidad igual o similar en el hombre y en la mujer, con diferencias que provienen de factores psicológicos, sociales y culturales. 

La excepción son los genitales donde se encuentran las zonas erógenas primarias que son más sensibles al estímulo. En el hombre es todo lo que se encuentra exclusivamente en el pene, el glande o “cabeza” y el frenillo, mientras que en la mujer es sobre todo el clítoris y la entrada de la vagina, mientras que el punto G es de discutida existencia.  

La penetración genital del pene causa excitación y placer en la mujer por razones diversas. Una de las principales es el tironeamiento de los labios menores que produce un estímulo indirecto del clítoris, aunque no es menor la satisfacción psicológica de percibir esa unión sexual, saber que el compañero está experimentando placer y sentir todo su cuerpo, la presión del pubis, cuerpo y genitales de la pareja contra la vulva, los golpes de los testículos contra su periné ginecológico e incluso contra el ano, hasta la estimulación del útero que puede producir su contracción.  

Más allá de los genitales
Las zonas erógenas secundarias no son partes de los genitales, se estimulan también por el tacto y, aunque en general no lo logran, algunas de estas zonas pueden transformarse en primarias y provocar el orgasmo. 
El bajo vientre, la ingle, el periné (la zona que se encuentra entre los genitales y el ano), el ano y el recto son las denominadas zonas secundarias perigenitales  y la diferencia de placer que se siente de un sexo a otro por su estimulación no tiene que ver con factores biológicos. 
Puede que dentro de las zonas secundarias extragenitales, la estrella sea la boca, ya que los besos con la lengua y los labios son una de las conductas sexuales más habituales. Completan el grupo las orejas -estimuladas por los labios y la lengua-, el cuello y la nuca que tienen sensibilidad mayor que otras superficies de la piel -especialmente la línea que va del hombro a la oreja-, las manos y los senos. 

Respecto a la estimulación manual u oral de la mama de la mujer durante el juego previo al coito (que lo realiza 99% de los hombres), si bien suele excitarlo a él, su importancia para la mujer ha sido probadamente sobreestimada. Por otro lado, la mayoría de las mujeres no estimula la mama de los hombres, ignorando que muchos pueden incluso llegar al orgasmo con esta práctica.
El abdomen, la espalda, las nalgas, los muslos y el resto de los miembros inferiores completan el mapa de zonas erógenas secundarias. 

Más aspectos a tener en cuenta
Visión, audición, olfato y gusto son las zonas erógenas terciarias. La visión es el sentido fundamental para apreciar el atractivo físico de una persona y suele ser más importante para ellos; mirar los ojos de la pareja, el cuerpo vestido, la desnudez, lo acogedora que sea la habitación suele estimular eróticamente. Desde el punto de vista auditivo, hay personas que se sienten estimuladas cuando su pareja les dice cosas durante el coito, mientras que otras prefieren no escuchar nada. 

Dentro de los olores corporales está el olor natural de la persona con higiene adecuada, el agregado de perfumes y los desodorantes que potencialmente pueden aumentar su atractivo. Pero en una relación sexual no sólo importan los olores corporales, sino que los ambientales (mala higiene ambiental, falta de ventilación, etcétera) pueden ser negativos, deserotizantes. 
Por otro lado, en la relación sexual el gusto se percibe cuando la lengua toca una parte del cuerpo de la pareja, pero puede resultar antierótico estimular con la lengua zonas de la pareja sin una higiene adecuada. 
Finalmente, aunque catalogada como zona erótica cuaternaria, el cerebro es el principal órgano sexual. Es que todos los estímulos erógenos externos son integrados y percibidos por el aparato psíquico al tiempo que los estímulos erógenos internos (pensamiento erótico, recuerdo de escenas eróticas, fantasías), se generan en él.
La forma ideal para erotizar a alguien es imposible de establecer, ya que depende de varios factores que no permiten generalizar; tiene que ver con el vínculo afectivo-sexual que se tiene con la persona, aspectos psicológicos, sociales o culturales, el momento por el que esté pasando el individuo, el deseo concreto que se esté sintiendo y la suma de todo esto.


Por Stella Maris Pusino
Información extraída de “Introducción a la sexología” del Dr. Manuel Novaoa Noceto. (Montevideo, Uruguay, 2006. Central de Impresiones Ltda.)

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